viernes, diciembre 23, 2005

Reflexión veterinaria del acompañamiento de historias de vida

Salmo 139 (Extracto)
“Señor, tú me haz examinado y me conoces;

Tú conoces todas mis acciones
Aún desde lejos te das cuenta de lo que pienso
Sabes todas mis andanzas
¡Sabes todo lo que hago!
Tú fuiste quien formó todo mi cuerpo
Tú me formaste en el vientre de mi madre…
No te fue oculto el desarrollo de mi cuerpo
Mientras yo era formado en lo secreto
Mientras era formado en lo más profundo de la tierra
Tus ojos vieron mi cuerpo en formación…
Habías señalado los días de mi vida
Cuando aún no existía ninguno de ellos”


La gestación en la gran mayoría de los mamíferos es un periodo de larga duración a veces meses (caninos) en otros años (paquidermos), en una vaca por ejemplo la gestación tarda 280 días, algo así como 9 meses (cualquier cercanía con otra especie es mera coincidencia) y el resultado es una cría que pesa entre 35 y 40 kilos y así en muchas otras especies, sin embargo el comienzo es siempre muy similar, dos células pequeñas microscópicas, de fracciones de milímetro se encuentran y entre sí dan origen a la vida, en silencio sin bulla ni escándalo. Esa nueva vida en muchos casos no podemos detectarla hasta ya varias semanas de ocurrida la fecundación, por lo que la madre y el resto no se ha percatado siquiera de la condición en que se encuentra, por lo mismo este es el periodo de mayor fragilidad para la nueva vida.

Una vez ya formado íntegramente el embrión se desarrolla hasta formar un feto, ya con todos sus órganos, un sexo definido, un rostro. A partir del cuarto mes ya se hacen evidentes en la madre los cambios que supone la gestación. Llegado el noveno mes el feto del ternero esta ya listo para nacer, solo falta que decida hacerlo y que su madre se disponga para el parto. Cuando el ternero este en posición y actitud fetal para el parto, éste se desencadenará, provocando la salida de la cría. Lo normal es que la vaca logre parir sola, sin ayuda, la que a veces es innecesaria, sin embargo, en otras ocasiones y por diversos factores es necesario ayudar, ya sea corrigiendo una mala postura fetal, como traccionando para lograr que la cría salga, es más también hay veces en que se hace necesario intervenir con una cesárea para lograr una cría viva y muchas veces a pesar de hacer nuestros mejores esfuerzos la cría puede morirse.
La vida espiritual muchas veces se parece a una gestación y más aún al parto. Nuestros comienzos en la Fe son siempre silenciosos y tibios, solo el Señor lo conoce, ni nosotros somos muchas veces concientes de esta “gestación” espiritual, que también puede estar llena de sobresaltos, dolores, caídas o “síntomas de pérdida” ya sea por debilidades en la oración, imagen errónea de Dios, traumas heredados o dificultades de la vida que hacen tormentosa nuestra relación naciente con el Creador. Y cuando parece que nuestra Fe está madura y lista para nacer, sobreviene la prueba, una muerte, un quiebre, una pelea, una separación, un divorcio, una decepción o una cesantía o la pobreza que hacen que nuestro “parto” espiritual se haga lento y dificultoso, nos tienen que jalonear de los brazos para salir o nos tienen que ayudar a corregir malas “posturas”, a veces también necesitamos “cesárea” espiritual, alguien nos tiene que ayudar cortando el vientre materno para que logremos que nuestra Fe madura nazca, crezca, se consolide y sea capaz de incendiar a otros con el fuego de Cristo. Aún así hay muchos que no terminan este camino y “abortan” o mueren luego del parto.
Ese alguien es muchas veces nuestro “Médico Veterinario espiritual”, el acompañante, es quien nos jalonea, o que tiene el bisturí en la mano presto a utilizarlo si es necesario, o tan solo observará con alegría si logramos salir solos desde el cálido útero progenitor. Esa es la vocación y a la vez misión más profunda del que acompaña, hacer que las líneas del salmo 139, esa relación íntima entre el Creador y la Criatura, se produzca, teniendo como base que el acompañante a pasado ya por su propia “gestación y parto” espiritual. Ese será su mayor tesoro, el saberse conducido por el Creador (desde su propia historia, sus propias alegrías y sus propios dolores) hacia el hermoso misterio del encuentro entre Dios y el otro, de hacerse parte gratuitamente por el ministerio del acompañamiento.

Gastón Rivera C.

POEMA "CRISTO VIEJO – CRISTO NUEVO"

Cristo viejo, del frío pesebre de Belén
de la tierra y del desierto, el destierro en Egipto
Y en Israel, peregrino y fugitivo.
Cristo nuevo, desnudo, del campamento
descalzo y hambriento, pequeño y sufriente
analfabeto, refugiado y escondido.

Cristo viejo, perdido en el templo,
Cristo dormido y silencioso, 30 años
en la sombra, en la larga espera.
Cristo nuevo, desaparecido, sin voz,
sin manos, cesante, indígena, extranjero,
esclavo o recluso, recluta y anciano.

Cristo viejo del bautismo en el Jordán
el peregrino del mensaje y la obra
apóstol cariñoso, de las mujeres y los niños
Cristo nuevo, de la esperanza, de la nueva
Iglesia, de laicos y curas, de mujeres
jóvenes y viejos, de casados y separados.

Cristo viejo, de los milagros, de las
Bienaventuranzas, del Padre nuestro
dueño del sábado, camino, verdad y vida.
Cristo nuevo, de Basílica o de parroquia
de la mesa sencilla, del pan y el cáliz con vino,
de la pala y la picota, de la madera y el arado.

Cristo viejo, del sembrador y la semilla,
de la tempestad en calma, del grano de
mostaza, y la multiplicación de los panes y los peces
Cristo nuevo, hambriento y sin ropa,
enfermo de Cáncer y de SIDA, Cristo
inválido, madre soltera, Cristo abortado.

Cristo viejo, el buen samaritano, conciencia
de los fariseos y los escribas, amigo de los
publicanos, prostitutas y pescadores.
Cristo nuevo, de las víctimas de lo injusto
del político soberbio e irresponsable, del
Oficial, prejuicioso y poco humano.
Cristo vejo, el buen pastor, el que sirve
el maestro, el agua de vida nueva, el templo
y el sacrificio, la vid y el fruto, el cordero.
Cristo nuevo, de Monseñor Romero, de Hurtado
de la Madre Teresa, de Juan Pablo II, Luther King
Gandhi, de Boff, de Ellacuría, de santos y mártires.

Cristo viejo, agónico en Getsemani, golpeado
de juicio injusto, azotado, coronado con espinas,
negado, traicionado, abandonado, quebrado.
Cristo nuevo, agnóstico o ateo, sin dios
inculpado, huérfano, preso y encerrado,
delincuente, traficante, burgués y poderoso.

Cristo viejo, caminante, con la cruz a cuestas
del calvario, crucificado, cansado, solo,
sin Padre, con el costado abierto.
Cristo nuevo, vagabundo sin casa, alcohólico
drogadicto, trabajador explotado, sueldo indigno
hacinado, sin tierra, en toma y con hambre.

Cristo viejo, del sepulcro cerrado, muerto,
bajo la piedra, silencioso, callado, a la espera
al encuentro del Padre, todo el sábado sin Él.
Cristo nuevo, asesinado por un cigarro,
mal atendido, negligente, en las colas de hospital
colgando en la micro, marginado por la ropa.

Cristo viejo, del sepulcro abierto, resucitado
de Emaús, de la orilla del lago, con las heridas
de la cruz, Cristo del fuego del Espíritu.
Cristo nuevo, del Hogar, que construye un techo
de mediaguas, que acoge, sana y trae esperanza
que vive y alienta, que nutre, alimenta y educa.

Cristo viejo, de Pedro, apóstol cimiento de
la Iglesia, de Pablo, el peregrino de la palabra
viva y quemante, pueblo cristiano naciente.
Cristo nuevo, de la liberación, de los laicos
de la Eucaristía, del Concilio y la paz, del pueblo
de Dios, de la alegría y de la Fe verdadera.

SRV!

CANONIZACIÓN DEL P. ALBERTO HURTADO SJ - III

¿Y que viene ahora?


En la madrugada del domingo 23 de Octubre la gran mayoría de los chilenos estuvimos conectados con la transmisión oficial desde Roma, donde pudimos ver en la plaza de San Pedro la gigantografía de un sonriente Alberto Hurtado, que tras la presentación de los otros cuatro beatos por el Cardenal Sarabia (Prefecto de la Congregación para la causa de los Santos) el Papa Benedicto XVI a las 5:05 hora chilena procedió a leer el decreto oficial de canonización del Padre Alberto Hurtado, lo que en todo Chile detonó una alegría colectiva cargada de gran emoción, devoción, llanto y felicidad, un batido de sentimientos y sensaciones que la verdad cuesta relatar y transmitir.

“Amarás al señor tu Dios con todo tu corazón y a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22; 37-38). Este sería el programa de vida de San Alberto Hurtado. Que quiso identificarse con el Señor y amar con su mismo amor a los pobres. La formación recibida en la Compañía de Jesús, consolidad por la oración y la adoración de la Eucaristía, le llevó a dejarse conquistar por Cristo, siendo un verdadero contemplativo en la acción, en el amor, en la entrega total a la voluntad de Dios, allí encontraba la fuerza para su apostolado. Fundó el Hogar de Cristo, para los más necesitados y los sin techo, ofreciéndoles un ambiente familiar, lleno de calor humano. En su ministerio sacerdotal, destacaba por su sencillez y disponibilidad hacia los demás, siendo una imagen del Maestro, manso y humilde de corazón. Al final de sus días, entre los fuertes dolores de la enfermedad, aún tenía fuerzas para repetir, “Contento Señor, contento”, expresando así la alegría con la que siempre vivió.” Estas son las palabras que dedicó en español el Papa Benedicto XVI a nuestro Padre Hurtado.

Sin embargo hay muchas cosas que me quedan dando vueltas tras esta esperada canonización.

La primera es que para el miércoles 26 ya no se hablaba de Alberto Hurtado con el fervor apasionado de hace una semana atrás, para la gran mayoría de los medios de prensa hablada, televisada o escrita ya no era noticia, quizá porque ya no era motivo de “rating”, porque está claro que en los días previos a la canonización el canal que tuviera la mejor serie o el mejor reportaje reventaba el “people meter” o el periódico con el mejor suplemento reventaba las ventas. Tristemente es muy probable que con el pasar de los meses este fenómeno se vaya acrecentando y el tan “trillado” Padre Hurtado vuelva a las sombras de antaño, donde tan solo unos cuantos se nutrían de su pensamiento y participan de su obra, que lo tienen permanente como un motor de sus acciones, o como fuente inspiradora de su pensamiento.

La segunda, parece ser que aunque el Padre Alberto Hurtado desde ahora pueda ser llamado SAN ALBERTO, esto no cambia así de rápido la conciencia de las personas (recordemos que la fórmula de canonización fue leída en menos de un minuto), porque como todas las cosas que tengan olor al Padre Hurtado se venden aún como pan caliente, la gran mayoría de las personas prefieren mil veces comprar una póster o un rosario por $3.500, si esta bendito mejor y si viene desde Roma, eso puede transformarse en locura colectiva por comprar, sin embrago, son muy pocos que asimilan su pensamiento y la gran mayoría son incapaces y es más evitan a toda costa comprar el libro “Humanismo social”, “Es Chile un país Católico” o “El sentido Social: el legado ético del Padre Hurtado” por $4.500. Muchos otros encuentran atractivo el discurso del Padre Hurtado, pero nunca se suscribirían a la Revista “Mensaje” fundada por él.
El problema no está en los mil pesos de diferencia (que a quienes quieran tener algo del P. Hurtado a toda costa, importa muy poco), sino en los miles de kilómetros de diferencia que hay en ver un Alberto Hurtado “milagrero, que pudiera competir con el Padre Pío o con San Expedito”
[1], que es más bien un recuerdo, un Padre Hurtado de souvenir, y así nos vamos quedando con una versión antiinflamatoria, opioide y anestésica de un Alberto Hurtado sonriente y bonachón, pero inofensivo, que tiene un mensaje cálido, pero recubierto de teflón, porque “no me toca, ni se me pega en nada”, en vez de quedarse con un Alberto Hurtado actual, desafiante, de un pensamiento y un liderazgo indiscutible, que remese las conciencias de todos, un Alberto Hurtado que escribe, que publica, que llora y que busca su fuerza en su encuentro diario con Jesús en el Pobre y en la Eucaristía.

La tercera y última, es que como consecuencia de lo anterior, los que seguirán trabajando en las muchas obras que a diario se emprenden a favor de los más pobres, los niños, los alcohólicos, drogadictos etc., serán las mismas personas. Quizá sean muy pocos los que se sientan llamados a compartir la misión de Cristo, bajo el alero del Padre Hurtado después de la Canonización, es más muchos que podrían haberla visto y participado de ella, hicieron vigilia, pero en medio de un carrete tremendo, o estuvieron en la vigilia, pero sin la menor intención de dejarse afectar por lo que allí se estaba viviendo. Si alguien se sintió tocado por lo que allí se vivió o en algo movió su espíritu, por favor, NO ESPERES A QUE SE TE PASE, HAZ ALGO.

Todos estamos llamados a vivir la santidad
[2] y compartirla con Alberto Hurtado, con lo que cada uno tiene y puede aportar a la misión de Cristo; la construcción del Reino. La obra y el pensamiento del Padre Hurtado, no mueren y no se desvanecen con el segundo milagro, ni con la canonización que celebramos el 23 de octubre. Esta fecha marca algo, pero en ningún caso el término de la causa por la que tanto luchó Hurtado, LA JUSTICIA, la caridad viene después. Y ojo que la falta de justicia no solo se vive en los juzgados o se materializa en el descriterio o la irresponsabilidad de los jueces y abogados, sino en el día a día en cualquier trabajo o profesión; constructor, profesor, ingeniero, médico, agrónomo, auxiliar, enfermero, barrendero, camionero, arquitecto, micrero, leñador, fotógrafo, periodista, pintor, veterinario, actor, cartonero, sacerdote, periodista, escritor, biólogo, contador, historiador, mamá, papá, secretaria, gasfiter, , electricista, político, presidente, etc., da lo mismo.

Si cada uno en su trabajo da lo justo, quedamos igual, hay que dar “lo que es justo” y esto es generalmente un poco más del 100%, no hacerlo es una irresponsabilidad moral y social, una injusticia. Así como el comercial de cerveza Cristal, en que hipotéticamente se plantea un país maravilloso, si tan solo se devolviera la luca que te prestaron, imagínate lo que sería nuestro Chile, si cada uno se esforzara por ser más justo en lo que le toca. IMAGÍNATELO creo que ese es el país con el que soñó toda su vida San Alberto Hurtado, el ya hizo lo que estuvo a su alcance (que no fue poco), le habría gustado hacer más, sin embargo cabe preguntarse verdaderamente ¿que estamos dispuestos a hacer nosotros?


Gastón Rivera C.
[1] José Aldunate SJ, en “Luces y sombras de una canonización”, página 5, diario “La Nación”, domingo 23 de Octubre.
[2] Lumen Gentium 32

CANONIZACIÓN DEL P. ALBERTO HURTADO SJ - II

Reflexión para los que no iremos a Roma


En 1539 San Ignacio de Loyola llega a Roma junto a los primeros miembros de la “mínima” Compañía de Jesús, pero antes de entrar en la ciudad, tiene una visión en que “sintió tal mutación en su alma y vio tan claramente que Dios Padre le ponía con Cristo, su Hijo, que no tendría ánimo para dudar de esto”
[1]. Hoy la conocemos como Visión de la Storta, con ésta su Señor y Criador lo recibe en la ciudad, con la promesa cierta de serle propicio en ella. Sin embargo el deseo de Ignacio y también de sus compañeros era marchar hacia tierra de Cristo, Jerusalén. Al poco tiempo consiguen las licencias papales para poder ir, pero no consiguen embarcar, y en respuesta deciden poner a la mínima Compañía al servicio de Papa, Paulo III, quien ofrece al peregrino y a sus compañeros la frase “Roma es también Jerusalén”[2], con lo que se cumplía la promesa que su “Señor y Criador” le sería propicio en Roma. Desde entonces Ignacio no pensará más en el viaje y hará de toda Europa su Tierra Santa, la misma que lo verá fallecer 17 años más tarde, a unas pocas cuadras del Vaticano.

Tras leer este breve trozo de historia, y teniendo en cuenta que la gran mayoría de los chilenos, no viajará próximamente a Italia, ya sea por no dejar botadas las responsabilidades del trabajo, de la familia o por no tener el dinero suficiente para el viaje, no nos quedará más opción que mirar la ceremonia de canonización de nuestro querido padre jesuita, Alberto Hurtado Cruchaga, la que lo elevará a lo más alto de los altares a partir del esperado Octubre 23, en la televisión, desde nuestras casas y seguramente ese domingo nos levantaremos muy temprano o bien trasnocharemos desde el sábado, dado que por la diferencia horaria no tendremos opción de verla en un horario “cómodo” para nuestro país (será como a las cuatro de la mañana). Ni hablar en soñar que el Papa Benedicto XVI viniese para esa fecha a Chile, a canonizar al Padre Alberto Hurtado “A DOMICILIO”.

Más allá de si este último sueño pudiere hacerse realidad (lo cual haría más plena nuestra alegría, pero que a todas luces parece imposible), la interrogante que planteara en el siglo XVI el Papa Paulo III a San Ignacio, podríamos también hacérnosla hoy. En su tiempo la pregunta de fondo nació de la frase “Roma es también Jerusalén”, para nosotros hoy sería “Chile es también Italia y nuestra cuidad puede también ser Roma”, con la salvedad de guardar las proporciones entre los países y continentes o cualquier otro objeto de comparación que se nos pueda ocurrir. Y la pregunta que surge no es menor, ya que si nos ponemos a criticar “envidiosamente” a quienes pueden y efectivamente peregrinarán a Roma, pero por el contrario nos quedamos sentados, mirando perezosamente sin hacer nada en nuestro país, en nuestra ciudad, en nuestro barrio o en nuestra casa para celebrar la santificación de Alberto Hurtado, la verdad la crítica anteriormente hecha, no tiene ningún peso, ni mucho menos valor moral.

Tras escuchar atentamente en una charla a Benito Baranda (Director social del Hogar de Cristo) realizada el jueves 14 de julio recién pasado en que ese refirió a la pobreza, la indigencia y el sentido social y la falta de oportunidades de los más humildes, ya al finalizar la charla y luego de un comentario de Benito (donde hacía referencia que no irá a Roma, junto al capellán nacional y muchos otros del Hogar de Cristo no lo harán, salvo por derecho propio el Padre Renato Poblete SJ) sentí un sano orgullo de no querer ir a Roma y a la vez muy contento de haber escrito la reflexión anterior, pero por el contrario sentí un fuerte cuestionamiento personal y por ende de algún modo comunitario, dicho en palabras de San Ignacio ¿Qué estoy actualmente haciendo por Cristo?
[3], o bien ¿Qué estamos actualmente haciendo por Cristo?

Y la pregunta surge, porque a pesar de no ser una pregunta nueva (San Ignacio la formuló en 1548), Alberto Hurtado se hizo esta pregunta en su tiempo ¿Qué estoy actualmente haciendo por Cristo?, y por lo demás buscó incansablemente una respuesta, hasta dar con esta frase bien conocida, “hacer lo que Cristo haría si estuviese en mi lugar”
[4]. Pero Alberto Hurtado no se quedó allí, en la incansable búsqueda de la respuesta, ni mucho menos en la frase que daba respuesta a la pregunta. Alberto Hurtado se propuso firmemente llevar esto hasta el límite, que la frase “hacer lo que Cristo haría si estuviese en mi lugar” fuera un estandarte grabado a fuego en su vida, de modo que las palabras se convirtiesen en obras concretas, llevando con ello a encender a muchos otros con su fuego apostólico. Esto lo llevaría a aventurarse en empresas casi temerarias, a pesar de que su modo de actuar y de pensar le trajera como consecuencia, cuestionamiento, discordia y también la incomprensión del mundo obrero, católico y político de su tiempo y más aún dentro de los jesuitas chilenos.

Por lo anterior no parece tan descabellado que con motivo de la canonización del Padre Alberto Hurtado y sintiéndonos inspirados por su legado y obra, contagiados de su fuego, nos volvamos tan “chiflados” por el amor a Cristo que pensemos en hacer algo por los hermanos cristianos más pobres y es más no solo pensemos, sino que transformemos nuestras ideas y sueños en obras concretas. Porque en definitiva, en hacer algo por el Cristo que hoy sufre, por muy insignificante que esto sea o parezca, será el mejor modo de celebrar la obra, el pensamiento, la vida y el legado de Alberto Hurtado. Y quizá esta misma pregunta deberían hacérsela muchos otros también, aunque claro, no hayan estado presentes en la charla de Benito.

Este es el mismo espíritu que alimentó inconscientemente a los 95 jóvenes de CVX y Scout que participaron de la SEMASOL (Semana Solidaria) trabajando en tres campamentos de la periferia de Rahue Alto en Osorno. Es ese el fuego que esparce Alberto Hurtado, el de sembrar esperanza, el que nos vengan grandes deseos de servir y amar a Cristo en nuestro hermanos, de sentirnos “Chiflados”, porque estos chicos de la SEMASOL están chiflados. Nadie regala una semana de vacaciones, para trabajar como obrero de la construcción, reparando viviendas, haciendo agregados, ampliaciones, cambiando techumbres, además pagando por hacerlo, soportando el frío el cansancio y venciendo el desgano tan innato en muchos jóvenes. Nadie hace este tipo de cosas sino esta “chiflado por seguir a Jesús” y este tipo de jóvenes están dispuestos a luchar por la justicia para con los más pobres, llevando firmemente en su mano la bandera de Cristo.

Ese es un digno ejemplo que podemos imitar para conducirnos de un modo más verdadero hacia la fecha clave. El tiempo avanza, la cuenta regresiva ya comenzó, ¿Qué estas TÚ dispuesto a hacer HOY por Cristo, tal como Alberto Hurtado lo hizo en su tiempo?

Gastón Rivera C
[1] San Ignacio de Loyola. Autobiografía, capítulo X
[2] José Ignacio Tellechea Idígoras. “San Ignacio: sólo y a pié”
[3] San Ignacio de Loyola. Libro de los Ejercicios Espirituales, N° 234
[4] Alberto Hurtado. Retiro a Profesores de la Universidad Católica, 1940

CANONIZACIÓN DEL P. ALBERTO HURTADO SJ I

Sin duda que el 23 de octubre pasará (siendo una fecha que en nuestro calendario no tenía mayor importancia, salvo para los que llevan por nombre Remigio), a ser recordado a contar de este año, como un día donde aconteció uno de los hitos de gran relevancia para todo el pueblo de Chile. Porque ese día en la Plaza de San Pedro, frente a los miles de fieles que allí se congreguen, junto a la inmensa mayoría de fieles que a través del mundo veremos por televisión, cuando el Papa Benedicto XVI proclame como nuevo santo de la Iglesia, al padre jesuita chileno, Alberto Hurtado Cruchaga (1901-1952), nuestra alegría será inmensa, no cabe ninguna duda, más aun para el mundo católico, y en especial para todos quienes se nutren de su espiritualidad, muy ignaciana por lo demás.

Sin embargo, luego de leer algunos escritos de Alberto Hurtado, al revisar su biografía, algunos de los libros que publicó en vida (por ejemplo “Humanismo Social”), pero en especial al leer un libro publicado hace muy poco (junio del 2005) por otro jesuita, Tony Mifsud (Director del Centro de Ética de la Universidad Alberto Hurtado) titulado “Sentido social: el legado ético del Padre Hurtado”, me han surgido muchas interrogantes, respecto de esta tan importante celebración, y por cierto que éstas podrían interpelar profundamente a muchos católicos e ignacianos, partiendo por quien escribe.

Muchas empresas de turismo y casas comerciales han comenzado desde hace ya varios meses a promocionar paquetes turísticos con días de hotel, pasajes, “Entradas a La Canonización” y todo tipo de subvenir, todo incluido, para asistir a esta celebración que al parecer en el transcurso de los meses y cada vez más a medida que se acerca la fecha, se va transformando en un “evento”. El valor promedio de estos paquetes turísticos bordea el $1.200.000 por persona y sin duda que cientos de chilenos (o miles, ¿quién sabe?) estarán dispuestos y ansiosos por juntar ese dinero, otros ya habrán pagado tal cifra, otros están pensando simplemente en “encalillarse” por muchos años para no perderse el “evento del año”, con la satisfacción única de haber estado allí y quizá sin haberse interiorizado más profundamente en la personalidad, pensamiento y obra de Alberto Hurtado.

Bajo este escenario, como anteriormente se mencionó, cabe preguntarse muchas cosas, como por ejemplo; ¿Que pensaría Alberto Hurtado de verse transformado en objeto de “negocio” de casas comerciales y agencias de viaje? ¿Qué le diría o que mensaje le daría para estas personas que desean llegar a endeudarse para ir a Roma? ¿Qué opinaría Alberto Hurtado al verse convertido en producto rentable?, porque este año seguramente todo lo que tenga que ver con el Padre Hurtado se venderá como pan caliente. Es seguro que ninguna de estas preguntas tendrá una respuesta, tal vez una muy buena aproximación en aquellos más conocedores de su pensamiento, pero a todas luces parece ser que el Padre Hurtado no estaría muy de acuerdo con que los católicos al menos despilfarraran tal cantidad de dinero en una celebración. Es más, no esta demás hacerse la pregunta ¿Iría Alberto Hurtado a su propia canonización? Probablemente no. Lo más seguro es lo consideraría una falta y carencia absoluta de sentido social, el gastar tanto dinero.


En las propias palabras de Alberto Hurtado, escritas hace 58 años:

“Las manifestaciones cotidianas de la falta de sentido social, no van manchadas con sangre, pero sí de falta de justicia, de respeto, de delicadeza. No destruyen un pueblo pero le impiden tener el grado de bienestar a que tiene derecho. A veces no son faltas contra la justicia, pero sí contra la caridad; no quitan, pero tampoco dan; no matan ni roban, pero tampoco aman ni sirven. Los que tienen ¿están resueltos a ceder parte de sus privilegios para que los que no tienen posean algo?
[1]

Basta tan solo con pensar en todas las cosas que el Padre Alberto Hurtado podría hacer con todos esos millones (recordemos que ir a Roma cuesta $1.2 millones por persona y en varios miles de chilenos son muchos millones), quizá abriría más hospederías, crearía nuevas obras, o ampliaría lo que ya existe, crearía escuelas, ayudaría a países vecinos, damnificados de terremotos, etc., sin duda muchas cosas, soñar no cuesta nada.

Y esto es válido de preguntarse porque (es probable y muy cierto) muchos de aquellos que eran los favoritos de Alberto Hurtado (por cierto también de Jesús), ”los patroncitos”, los que viven y duermen en la calle tapados con cartones, los indigentes, los que no aparecen ni en registros y estadísticas de Gobierno, los que viven con menos de $25.000 al mes, los que roban para alimentarse o que mendigan hurgando la basura, los que vagan por las calles empapados en la lluvia, ebrios y sin hogar, muchas veces enfermos. Esos, todos ellos, seguramente no tendrán cerca siquiera un televisor o un lugar cómodo, tibio y seco donde ver a la distancia al Papa Benedicto XVI canonizar a este siervo de Dios que tanto los quiso y que tanto luchó por la defensa de sus derechos en la sociedad y esto es porque para Alberto Hurtado todas esas personas son Cristo, Alberto Hurtado veía al mismo Cristo encarnado en cada pobre, en cada niño, en cada anciano e indigente, y no descansaba hasta poder dar alivio al dolor de esos “samaritanos”, porque para el Padre Hurtado eso era dar alivio, alojo, comida, abrigo y cariño al mismo Cristo.

Tal vez el Padre Alberto Hurtado estuviera más “contento” (eso tampoco es certeza) con que sólo algunos de esos miles de chilenos que pretenden gastar millones en ir a Roma para verlo elevado al sitial más alto, pudieran también verlo y vivir siendo parte de su legado en Chile. Ya sea haciéndose socio del Hogar de Cristo, con un aporte mínimo o que alguno se comprometiese con una obra social donde pueda servir a otros, regalando tan sólo su tiempo, o con otros aportes similares, más que gastar dinero que a veces no se posee, para sentirse parte del espíritu y legado del Padre Hurtado, y después muy tranquilo poder decir “yo estuve en la Plaza San Pedro el 23 de octubre del 2005” y orgullosamente mostrar a los amigos y conocidos todas las fotografías que seguramente ese día se sacarán por miles.



Gastón Rivera C.
[1] Humanismo Social, Capítulo VII, 1947.